icon-clock

7 mins.

Menos Conflictos, Más Conexión: Quédate, un Proyecto que Está Transformando las Aulas en Tenerife

10 diciembre 2025

La convivencia en los centros de secundaria es uno de los grandes desafíos de nuestro sistema educativo. El aumento de los conflictos, la desmotivación que a menudo acompaña a la adolescencia y la creciente dificultad para conectar con los estudiantes son retos que cualquier docente o familia conoce de primera mano. En medio de este panorama, una iniciativa del Cabildo de Tenerife, el «Proyecto Quédate», está demostrando que un cambio de enfoque no solo es posible, sino que ofrece resultados sorprendentes y medibles.
Este artículo destila, a partir de los informes y resultados del proyecto, las 5 lecciones más impactantes y, en algunos casos, contraintuitivas que podemos aprender de esta experiencia que está transformando el clima escolar en la isla.
1. No es magia, son datos: Los conflictos se redujeron drásticamente
El impacto más tangible del Proyecto Quédate no es solo una sensación cualitativa de mejora, sino un cambio medible y rotundo en el día a día de los centros. Los datos del primer trimestre del curso 2016/17, comparados con el mismo periodo del año anterior, hablan por sí solos:
• CEO Bethencourt y Molina: El número de partes de incidencias se redujo de 134 a 66.
• CEO Príncipe Felipe: Las incidencias disminuyeron de 75 a 42, y las expulsiones bajaron de 25 a 15.
• CEO Bethencourt y Molina: Los expedientes disciplinarios cayeron de 2 a 0.
Lo que estas cifras revelan es que el cambio no es un accidente, sino la consecuencia directa de un cambio de paradigma. En lugar de centrarse únicamente en la sanción, el proyecto invierte en la raíz del problema, tejiendo una red de apoyo y pertenencia que hace que el conflicto sea menos probable. Estos datos demuestran que un enfoque proactivo y centrado en la convivencia positiva no es una utopía, sino una estrategia con efectos reales y rápidos en el clima escolar.
2. La verdadera transformación ocurre fuera del aula
A diferencia de los programas de refuerzo puramente académicos, el Proyecto Quédate invierte gran parte de su energía en los espacios y tiempos no lectivos. La clave de su éxito reside en los «Grupos Motores», espacios voluntarios de tarde donde se gesta el verdadero cambio.
En estos grupos, a través de actividades creativas como la creación de vídeos o exposiciones autobiográficas, se trabajan dimensiones fundamentales que a menudo quedan fuera del currículo formal: la individual (autoestima), la interpersonal (relaciones sociales), la familiar, la escolar y la comunitaria. En el CEO Manuel de Falla, por ejemplo, los alumnos crearon sus exposiciones usando no solo fotos, sino también «perchas, bobinas de lana, plumas, telas, bolitas y adornos de accesorios viejos», convirtiendo la actividad en un acto de expresión profundamente personal. El apoyo durante el horario lectivo también se enfoca en momentos clave como la «dinamización de los recreos» o la «resolución de conflictos en espacios informales».
Esta lección es clave porque entiende la psicología adolescente. El aula es un espacio de evaluación y estructura, pero los espacios no lectivos son el terreno de la identidad y la conexión entre pares. Al legitimar y potenciar estos espacios, «Quédate» no distrae de lo académico, sino que construye la base socioemocional sobre la que el aprendizaje puede florecer.
3. El superpoder olvidado: Empezar por escuchar
El proyecto se rige por una filosofía tan simple como revolucionaria, encapsulada en una cita que inspira su trabajo.
Cada momento educativo debería empezar escuchando al alumnado. – Tonucci.
Esta frase no es un mero adorno. El diseño de toda la intervención se basó en un análisis previo de las necesidades reales de los estudiantes, que incluyó un cuestionario a 222 alumnos para conocer sus intereses. Los temas que más les preocupaban —el uso de internet, las drogas, la violencia o el acoso escolar— se convirtieron en el eje del programa. Un ejemplo práctico lo encontramos en el CEO La Pared, donde, tras una lluvia de ideas sobre sus miedos en el centro, los propios alumnos decidieron rodar un cortometraje sobre uno de sus mayores temores: el «temor a que pasen de ellos».
Este enfoque demuestra que el simple acto de escuchar y dar protagonismo al alumnado no es un gesto simbólico, sino una de las herramientas de transformación más potentes en educación. Al construir el programa sobre sus intereses y preocupaciones reales, el proyecto convierte a los estudiantes de receptores pasivos a agentes activos de su propio aprendizaje y de la mejora de su entorno.
4. El «efecto dominó» positivo: Cómo un pequeño grupo puede cambiar un centro entero
En lugar de intentar llegar a todos los alumnos a la vez con un mensaje genérico, el Proyecto Quédate adopta una estrategia mucho más inteligente. Se centra en la creación de un «grupo motor», definido en sus informes como «un núcleo conexionado que sirva de referencia atrayente a otros jóvenes».
La idea es sencilla y potente: se trabaja intensamente con un grupo de participantes para que se conviertan en «referentes positivos para sus iguales». Este grupo no actúa como una élite, sino como un polo de atracción que irradia una nueva cultura de convivencia de forma orgánica. El objetivo final va más allá de los participantes directos; busca transformar todo el «sistema de relación entre alumnado-profesorado-familias».
Esta estrategia es brillante porque aprovecha, en lugar de combatir, las dinámicas sociales naturales de la adolescencia. Reconoce el poder de la influencia entre pares y lo canaliza para generar un cambio cultural sostenible que se expande desde dentro hacia afuera, demostrando que una intervención focalizada puede tener un impacto sistémico en toda la comunidad educativa.
5. La pieza que faltaba en el puzle: El rol del Educador/a Social
El origen del proyecto se encuentra en una propuesta visionaria: incorporar la figura del «Educador Social» a los centros educativos. Los resultados confirman que esta era la pieza que faltaba en el puzle de la convivencia. Según los informes, la valoración de este profesional por parte de los equipos directivos es «unánime» y «muy positiva».
La dirección del CEO Bethencourt y Molina lo expresa de forma contundente:
En un modelo de Convivencia Positiva afirmamos rotundamente la importancia de la inclusión del Educador Social dentro de la Comunidad Educativa como recurso fundamental para la correcta implantación del modelo.
¿Por qué es tan crucial este rol? Porque es un profesional «sin carga docente» que puede dedicarse a la atención cualitativa, la mediación, el apoyo a las familias y el trabajo preventivo que el profesorado, desbordado por sus responsabilidades académicas, a menudo no puede asumir. Es una figura que llena un vacío fundamental en el sistema, actuando como un puente esencial entre el ámbito académico, el social y el familiar, y garantizando que la dimensión humana de la educación no se pierda entre las exigencias del currículo.
Conclusión: La Educación es, ante todo, una cuestión de conexión
El Proyecto Quédate no es solo un programa de éxito; es la demostración de un principio fundamental: la base de una educación transformadora no reside en la tecnología ni en las métricas, sino en la calidad de las relaciones humanas. Las lecciones de Tenerife nos enseñan que para reducir conflictos y evitar el abandono escolar, primero hay que construir un ecosistema de confianza. Esto se logra escuchando activamente a los jóvenes, dándoles un rol protagonista, creando espacios seguros fuera del rigor académico y contando con profesionales dedicados a tejer los lazos entre la escuela, la familia y el alumno.
Este proyecto nos recuerda que la verdadera innovación no siempre consiste en inventar algo nuevo, sino en recuperar lo esencial.
Frente a un futuro cada vez más tecnológico, ¿y si la mayor innovación educativa que necesitamos fuera, simplemente, volver a conectar?

redacción

NOTICIAS RELACIONADAS