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5 Lecciones Sorprendentes sobre Jóvenes y Tecnología en el curso 24/25

10 diciembre 2025

La preocupación sobre el tiempo que los jóvenes pasan frente a las pantallas es una constante para padres, madres y educadores. A menudo, el debate se centra en los riesgos: la adicción, el ciberacoso, la exposición a contenido inapropiado o la pérdida de privacidad. Si bien estos peligros son reales, un enfoque basado únicamente en el miedo nos impide ver una imagen mucho más compleja y matizada de cómo la juventud interactúa realmente con el mundo digital.

Para ir más allá de los clichés, necesitamos datos. El programa de Internet sin Riesgos y Navega en Positivo de Tenerife Joven y Educa, una iniciativa a gran escala del Cabildo de Tenerife, ha trabajado con miles de niños, niñas y adolescentes de toda la isla desde 2011. A través de módulos específicos y adaptados a cada edad —desde ‘Curiosidad Digital’ para niños de 5 años hasta ‘Ciber Mitos’ para adolescentes de 3º de ESO—, el programa ha generado un valioso registro de sus percepciones, conocimientos y comportamientos reales.

Este artículo destila cinco de las conclusiones más sorprendentes e impactantes de las memoria de intervención del último curso escolar. Son lecciones que nos obligan a repensar nuestras suposiciones, a enfocar nuestros esfuerzos educativos de manera más precisa y a entender que los mayores desafíos del mundo digital no siempre son los que esperamos.

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Las 5 Lecciones Inesperadas

1. El mito romántico más peligroso sigue vivo: «Si tiene celos, es que me quiere»

Uno de los hallazgos más alarmantes del programa «Internet sin Riesgos», y en concreto de su módulo «Ciber Valores» con alumnos de 1º de ESO, fue la persistencia de mitos tóxicos sobre las relaciones afectivas, ahora amplificados por la tecnología. Al debatir sobre las relaciones, el tema que generó más confusión y discusión fueron «los celos», siendo un punto central en el 69.2% de los grupos de trabajo.

La conclusión del informe es directa y preocupante: la mayoría del alumnado «sigue pensando que ‘los celos son en cierta medida una muestra de amor’». Esta idea, peligrosa en cualquier contexto, adquiere una dimensión aún más arriesgada en la era digital. Normalizar los celos como una prueba de afecto abre la puerta a conductas de alto riesgo como el cibercontrol, la exigencia de contraseñas, la vigilancia constante de la actividad en redes sociales y la vulneración de la privacidad dentro de la pareja.

2. Los jóvenes lo tienen claro: la «masculinidad machista» en los videojuegos es un problema real

Mientras los adultos debaten sobre el impacto de los videojuegos, los propios jóvenes demuestran una notable conciencia crítica sobre la cultura que los rodea. En el programa «Ciber Mitos», dirigido a alumnos de 3º de ESO, se abordó directamente el concepto de «masculinidad machista» en los juegos online. Lejos de ignorarlo, los estudiantes identificaron con claridad las conductas que la definen.

Según el informe, dos comportamientos fueron señalados con especial frecuencia como un reflejo de este problema:

• «Responder o actuar agresivamente al perder (rageo)», identificado por un 67% de los participantes.

• «Infravalorar a las chicas que juegan a videojuegos», señalado por un 63,6%.

Que sean los propios adolescentes quienes nombren y reconozcan estas dinámicas es un dato crucial. Demuestra que no son meros consumidores pasivos, sino que son capaces de analizar críticamente las normas sociales de sus espacios de ocio digital y señalar las conductas perjudiciales, un primer paso indispensable para poder cambiarlas.

3. Sorpresa: los niños de 5 años ya saben que no pueden jugar «todo el tiempo», pero necesitan guías claras

A menudo subestimamos la capacidad de los más pequeños para comprender los límites en el entorno digital. Sin embargo, los resultados del programa «Curiosidad Digital» con niños de 5 años rompieron este prejuicio. Al preguntarles si en casa podían jugar todo el tiempo que quisieran con tablets o videoconsolas, la respuesta fue unánime: el 100% del alumnado evaluado respondió que «NO».

Este dato demuestra que, incluso a una edad tan temprana, los niños ya han interiorizado la idea de que el uso de la tecnología tiene normas. Para ayudarles a comprenderlas, el programa utilizó una ingeniosa estrategia pedagógica: explicar la clasificación de edad de los juegos (normas PEGI) a través de la analogía de «Don Semáforo». Asociando los colores del semáforo (verde, amarillo, rojo) con las distintas edades recomendadas, se les ofreció una guía visual, sencilla y fácil de recordar. Este hallazgo confirma que la educación digital no solo es posible desde la etapa infantil, sino que debe empezar ahí, con métodos creativos adaptados a su desarrollo.

4. Saben que están enganchados, pero no siempre saben cómo parar

Existe una brecha significativa entre ser consciente de un problema y tener las herramientas para solucionarlo. Los datos obtenidos con el alumnado de 1º de ESO ilustran perfectamente esta dualidad. La gran mayoría reconoce las señales de una relación poco saludable con la tecnología: el 72,8% identifica «la necesidad de mirar el móvil constantemente» como un claro indicador de uso abusivo.

Lo más interesante es que ellos mismos proponen soluciones prácticas y efectivas. Al preguntarles qué estrategias utilizarían para gestionar mejor su tiempo de pantalla, las más populares fueron:

• «Dedicar tiempo diario a actividades offline» (66.8%).

• «Silenciar notificaciones» (58.9%).

• «Dejar de usar el móvil al menos una hora antes de dormir» (50%).

Esto nos enseña algo fundamental: los jóvenes no necesitan más advertencias sobre los peligros de «estar enganchados». Ya lo saben. Lo que necesitan son herramientas prácticas, apoyo y estrategias concretas para desarrollar hábitos de autorregulación y construir un equilibrio digital saludable. El foco debe pasar del diagnóstico al acompañamiento activo.

5. El dato más preocupante: la participación de las familias es «muy baja»

De todas las lecciones aprendidas, quizás la más crítica y desafiante no proviene de los jóvenes, sino de los adultos. El informe es tajante al evaluar la implicación en las acciones formativas diseñadas específicamente para madres y padres. La conclusión se cita textualmente y no deja lugar a dudas:

«La participación durante estos dos años ha sido muy baja, pero es algo que está pasando también en los centros educativos tanto de primaria como secundaria, de manera generalizada. Es un nuevo reto a abordar.»

Aquí reside la gran paradoja. Mientras la preocupación familiar por el uso que sus hijos e hijas hacen de la tecnología es altísima, la participación activa en los espacios de formación ofrecidos para adquirir herramientas y conocimientos es mínima. Este desajuste se identifica como el principal obstáculo para una educación digital integral, ya que sin la implicación del entorno familiar, cualquier esfuerzo realizado en el ámbito escolar queda incompleto.

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Conclusión: ¿Estamos a la Altura del Desafío?

Los datos de este programa a gran escala nos demuestran que los jóvenes son, en muchos aspectos, más conscientes, críticos y matizados en su relación con la tecnología de lo que solemos pensar. Los verdaderos desafíos que enfrentan no son meramente técnicos, sino profundamente sociales y emocionales: la gestión de la autoestima, la deconstrucción de mitos afectivos o la navegación por culturas online complejas.

La pregunta, por tanto, no es si los jóvenes están preparados para el mundo digital. La pregunta es si nosotros, como sociedad, estamos preparados para guiarlos de verdad. ¿Estamos haciendo lo suficiente?

Si te gusta debatir sobre este tema, únete a ser una de nuestras familias referentes.

redacción

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